El prolapso de órganos pélvicos se produce cuando los órganos, tales como el útero, caen de su posición normal a favor de la gravedad. Los órganos pueden deslizarse hacia abajo y sobresalir en algunos casos de la cavidad abdominal a través del suelo pélvico. En otros casos de prolapso, tan sólo se nota una sensación de peso sobre las estructuras de la zona como la vagina.

Los factores de riesgo para sufrir prolapso incluyen el embarazo, el parto, trastornos del tejido conectivo, manipular peso, la obesidad y el tabaquismo. Es más frecuente a partir de la menopausia, pero se puede sufrir en cualquier etapa de la vida.

Un prolapso no siempre es doloroso, pero puede ser la causa de otros problemas como incontinencia urinaria, incontinencia fecal o disfunciones sexuales entre otro. Por lo tanto es necesario tratarlo aunque no exista sintomatología.

¿Qué se puede hacer ante un prolapso?

Ante un prolapso lo primero que hay que hacer es identificar qué órganos sufren el cambio de posición y cuáles son las causas que les han llevado a realizar este cambio. Una vez esto está claro, el especialista le propondrá el mejor tratamiento para su caso concreto de prolapso. La mayoría de casos se resuelven con ejercicios sobre la musculatura del suelo pélvico y ciertas técnicas para recuperar la posición de los órganos que han descendido.

El proceso para identificar la causa del prolapso suele ser una exhaustiva anamnesis y una posterior exploración física, que puede incluir un examen interno (vaginal o rectal). Este examen interno es a menudo es necesario para asegurar el correcto funcionamiento de ciertos músculos que participan en el control de los prolapsos. Evalúan completamente y se obtiene la información correcta sobre su condición y el estado de sus músculos. Este proceso se realiza en una consulta privada y siempre con el mismo especialista.

La mayoría de los pacientes notan una mejora de los síntomas del prolapso a las 4-6 semanas si se realizan los ejercicios correctamente. La reeducación del suelo pélvico conlleva el entrenamiento diario durante aproximadamente seis meses y luego un mantenimiento que puede hacer de manera autónoma para asegurar el correcto funcionamiento a lo largo del tiempo.